
Víctor Mesa Martínez, manager de Cuba, armó una selección de lujo, aunque no escapó a severas críticas por la convocatoria y las exclusiones de algunos peloteros
Cuba no puede regresar a casa sin la medalla de oro del béisbol de los XXII Juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014. Cualquier otro título se le puede escapar, pero el de la pelota ¡no!; este es imprescindible y no tendría argumentos para justificarse si no lo consigue.
La cubana es la única selección, de las que están en Veracruz, que si mañana hubiera un evento de máximo nivel el roster sería el mismo (salvo minúsculos cambios); es la que más tiempo llevó reunida para los entrenamientos (no tuvo contratiempos en la logísticas, paró con 12 días de antelación el torneo local…). Además, la ausencia de figuras de rango mundial (dígase Grandes Ligas) les otorga a los cubanos un favoritismo extra. En otras palabras, es la que llega en mejores condiciones para imponerse en la lid.
Volver a la Isla sin la presea dorada sería un golpe brutal en la ideología de una selección que se blindó como si fuera al mismísimo Clásico Mundial de Béisbol (WBC); un equipo que se debe –y le debe a su afición- una respuesta urgente ante tanta endeblez durante poco más del último lustro.
En lo particular, para el seleccionador Víctor Mesa Martínez también es vital. Ganar aplacaría las continuas y abundantes críticas que ha recibido desde que fue impuesto como manager del equipo nacional por un ciclo de cuatro años. Por el contrario, si pierde, se avivarían las encendidas polémicas en torno a su gestión en la arena internacional (nadie más que él necesita este oro).
Es, precisamente, el temor que genera perder en Veracruz lo que condujo a Víctor a convocar un cuestionado grupo de peloteros entre los que sobresalen Yulieski Gourriel Castillo, Alfredo Despaigne Rodríguez, Frederich Cepeda Cruz y Héctor Mendoza Ripoll, los cuatro cubanos que jugaron en esta temporada en Japón (la única razón que respalda la presencia de estos jugadores en México es el principio de “ganar a toda costa”).
Los cubanos, más que nadie, están urgidos de imponerse en este torneo después de caer al tercer lugar del Ranking mundial de la disciplina y etiquetar una imagen que ha venido de superpotencia a nación en franca crisis.
Un metal dorado aquí –aunque no servirá para exorcizar definitivamente los demonios- ayudaría al menos para comenzar a pensar en un punto de giro de cara al Premier 12 y el WBC de 2017. Sin embargo, con o sin el oro del béisbol en Veracruz estamos obligados a repensar las estrategias del béisbol interno.
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