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¿Tiene un padrino Víctor Mesa?

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Víctor Mesa Martínez

Por Osviel Castro Medel (Tomado del blog Castro Medel de Cuba)

Me lo preguntan en la calle a diestra y a siniestra y yo, que estoy lejos de las élites, me encojo de hombros y digo que no. Pero mi respuesta pudiera no tener la contundencia de un rayo de Sol.

¿Tiene un padrino Víctor Mesa?, inquieren. Un padrino, como se entiende, es una persona con rango que lo apoye y lo proteja.

La pregunta no sale de la nada, por supuesto. Surge por todos los desaguisados que ha protagonizado el ex estelar jardinero naranja sin recibir una medida correctiva que le haga entender -¿lo entendería?-, que él no es Dios.

No vengo hoy con estas líneas por su repudiable conducta en el estadio Latinoamericano, que le costó la expulsión en aquel partido de la subserie contra Matanzas y una consiguiente avalancha de críticas jamás vista, tanto en los medios de comunicación como en la calle misma.

Vengo con estas líneas porque Víctor Mesa Martínez ha hecho y dicho lo que nadie en Cuba y sigue ahí, como si estuviera por encima de todos, como si fuera Nube Madre a la que hubiera que rendirle honores aunque cada día nos esté lanzando rayos y centellas.

Mientras otros recibieron suspensiones ejemplares por indisciplinas graves, Víctor fue “castigado” solo cinco partidos por tirarle tierra a un árbitro y más tarde resultó “reivindicado” con las riendas del equipo más glorioso del país, el equipo Cuba.

Mientras otros, como Alfonso Urquiola, fueron removidos por errores estratégicos en la conducción del juego, Víctor –quien ha estado muy lejos de ser cátedra como manager- terminó siendo exaltado en la arena pública al ser llevado, con bombo y platillo, al último partido de las estrellas en Sancti Spíritus y presentado como “director del equipo Cuba”.

Mientras otros jamás tuvieron carta abierta para hablar a rajatabla de sus pupilos, Víctor Mesa tuvo micrófono abierto para expresarse sin mesura sobre Alexei Bell o Ariel Pestano. Y no pasó nada.

Mientras otros estrategas –Lourdes Gouriell, Ermidelio Urrutia, Luis Giraldo Casanova, Marcos Fonseca- jamás tuvieron el privilegio de ver a sus hijos enfundados con el mismo número que colocaban en sus dorsales mientras dirigían- Víctor Mesa recibió la inusitada prerrogativa que le permitía usar –contra el reglamento, incluso- el mismo 32 que su vástago Víctor Víctor.

No comentemos el inusual cambio de traje de Matanzas en medio de la serie, ni sus conocidos desmanes contra varios peloteros, ni su irreverencia hacia algunos árbitros, ni sus gestos “fuera de liga” en mil partidos.

Ahora, como si todo eso fuera poco, este admirable jugador pero cuestionado manager, ha dicho que él es el show. Pero no aquel show-man que se robaba el home o se tiraba contra la pared sin colchones para capturar un batazo, sino el show capaz de decir, con inmensa modestia, que el estadio se llena porque va a verlo a él y solo a él.

Pero eso resulta mínimo. Víctor Mesa tuvo la ¿capacidad? de decirle al joven reportero Carlos M. Álvarez, para la revista On Cuba, que aunque va a seguir en el país “si me sacan de aquí (de la dirección), yo tengo para donde ir. Hasta para Estados Unidos me están buscando, imagínate, y estoy aquí”.

Y señaló que puso a sudar a los comentaristas en la televisión cuando transmitieron el último programa al Duro y sin guante; que él “país” (¿quién será el país?) “es sabio” y por eso le van a dar el “espacio” que él quiere (no sé si en la TV); que no le importa que lo enjuicien; que él es el director y hace lo que entienda; que todos los periodistas son iguales… Bueno, en esto último, teniendo en cuenta la prensa aburrida que hacemos, tal vez tenga razón.

En fin, en esa “entrevista” que ya está en diversos sitios digitales, titulada “El show soy yo”, Víctor pretendió dar la idea de que está por encima del béisbol cubano. Echa así por tierra la idea del colega Oscar Sánchez, del periódico Granma, quien sostuvo que “nadie por encima” de la pelota nacional.

Víctor, por toda la gloria que le dio a la nación, tiene miles de seguidores y los tendrá; incluso cientos que aplauden sus métodos y maltratos verbales. Cientos que, pese a todo, todavía lo quieren ver como timonel de Matanzas y de Cuba. Pero la simpatía no debe conducir a la ceguera. Sería como aprobar el desatino y la insolencia, justificando ambas cosas con el cariño y la historia. Los puestos se ganan, no se merecen porque sí por mandamiento.

Torres más altas y más endiosadas han caído y eso lo debe tener en cuenta la Explosión Naranja, aunque a él no le importe y consiga dar la imagen -intencionalmente o no- que tiene un padrino que le cuidará la espalda. Torres más elevadas y creídas terminaron como agujas en el piso y eso lo debe tener en cuenta Víctor Mesa aunque él no entienda en este momento el precepto martiano de que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.


Archivado en: Noticias Tagged: comision nacional, cuba, disciplina, pelota, victor mesa, zona strike

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