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¡Procede bien y no mires a quien!

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Por Lino E Verdecia Calunga

(EL ARBITRAJE DE BÉISBOL NO ESTÁ LIBRE DE… DOGMAS Y PREJUICIOS)

BASTÓME escuchar las declaraciones del árbitro internacional Ignacio Rodríguez Mena en la edición del noticiero deportivo Récord (Radio Rebelde, miércoles 25 de diciembre), para (re)percatarme de cuántas actitudes subjetivas pueden limitar el accionar, o mejor, el comportamiento de el(los) encargado(s) de impartir justicia en un desafío de béisbol. Y, si pensamos con extensión, puede aplicarse a todos los deportes en general.

PARA nadie es un secreto que –por mucho que se hable de la inteligencia animal- solo los seres humanos somos portadores de prejuicios, si nos atenemos a que esa es una cualidad del raciocinio; por la misma razón tampoco creo que exista la posibilidad de actuar sin ellos, aunque sí suele suceder que nos sobrepongamos a estos para ejecutar acciones como votar, calificar, evaluar, juzgar. De no ser así no habría nunca discrepancias entre evaluados o juzgados y los ejecutores del dictamen o veredicto, como también es cierto que los que imparten justicia tengan que apelar consciente y constantemente a la posición más cercana a la objetividad, con el apoyo o amparo de lo que esté estipulado o legislado.

PERO de ahí a considerar que el hecho de que un pelotero y un árbitro se saluden estrechándose la mano, o que una muestra  de cortesía y educación al intercambiar saludos sea índice indebido porque disminuya o rebaje la autoridad y jerarquía del juez ante la opinión pública, creo que media una considerable dosis de confusión o, lo que es lo mismo para mí en este caso, de exagerado prejuicio.

Rodríguez Mena, haciendo uso de su experiencia, emitió criterios comparativos sobre determinados comportamientos de sus colegas. Aludió así a un antes y un ahora, términos que de por sí me fueron ambiguos, pues muchas veces no hay exacta precisión a qué el interlocutor estaba calificando como el antes y el ahora.

HE escuchado opiniones de periodistas y comentaristas deportivos acerca de lo conveniente de limitar la convivencia entre árbitros y peloteros. Traslados, hospedajes, comidas, merecen mantenerse a cierta distancia que no genere una compenetración de convivencia que dé márgenes a confianzas y relaciones que –justamente por los prejuicios- sirvan de base a suspicacias y sutilezas que empañen, precondicionen y condimenten el enjuiciamiento de la tarea arbitral.

SIN embargo, oír a un entendido con la categoría de árbitro internacional y experiencia en las llamadas Grandes Ligas de la pelota profesional norteamericana –según detalles que dio el entrevistador-, valorar con negatividad rasgos y caracteres que bien ejecutados no atentan contra la ética de la profesión, me resultó desagradable. Y no pude evitar las veces que vi a dos grandes jugadores cubanos como Elpidio Mancebo y Fausto Álvarez –solo menciono esos para no citar en extenso- saludar cortésmente al imparcial situado detrás del home, sin que eso menguara después el proceder ante el cantar lanzamientos en beneficio del bateador.

IGUALMENTE cualquiera ha visto decenas de veces a un jugador embasarse en la primera almohadilla y saludar al juez de esa posición. ¿Pensará alguien que es para que si el lanzador se voltea hacia allí, aquel sea benévolo en su apreciación? En torno a este aspecto que entiendo como de confraternidad deportiva, recuerdo haber escuchado al exestelar camarero Rey Vicente Anglada manifestarse en contra de estar saludando a los peloteros que eran sus contrarios, una vez comenzado el juego, porque él jugaba fuerte y entonces era como su enemigo (más o menos así me acuerdo fue expresado, creo que en un Confesiones de grandes), aunque también señaló que fuera del terreno mantenía buenas relaciones con peloteros a quien debía bastante.

ESO de las relaciones interpersonales es asunto a cuidar cuando de ejercer jerarquías y evaluaciones se trata. Estar dedicado a labores docentes desde hace 43 años y habiendo tenido que evaluar a estudiantes de diversas carreras y en diversos ejercicios académicos, y a decenas de profesores bajo mi dirección o asesoría, me han permitido acumular criterios, anécdotas y, sobre todo, experiencia en ese sentido. Y sí he visto y conocido esos deslices de la ética y la amenaza del conocido filo de la navaja, lo que entre algunos de mis subordinados he calificado de cubaneo. O lo que es lo mismo, ese comportamiento donde se confunde confianza con sobredimensionada amistad*, lo que de hecho va implicando progresivamente permisibilidad.

QUE los árbitros mantengan la debida distancia, esa que exige la ética de su oficio, no puede –o no debe- implicar la expresión de haber chupado naranja agria que algunos   asumen; educar es tarea compleja y sostenida, saber comportarse con respeto, educación y comprensión de la función y deberes del otro es algo que también se aprende. Por ello, considerar que no deben saludarse, que el público no debe ver esos gestos porque pueden confundirse –que fue lo que expresó Rodríguez Mena- me parecen muestras inequívocas de que dogmas y prejuicios están en todas partes y que merecen, cada vez que se pueda, colocarlos en zona de strike, y poncharlos.

* Por ejemplo, nunca admití como normal que profesores fumadores anduvieran picando cigarros a estudiantes, ni viceversa. ¿Será porque no soy fumador? Muchos recordamos a Pedro Luis Lazo fumando tabacos en el dug out, ¿era tolerancia, simple indisciplina o cubaneo?


Archivado en: Noticias Tagged: arbitros, baseball, beisbol, caribe, cuba, pelota, zona strike

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